Fracaso, retroceso y crisis futboleras

La Selección Mexicana fracasó al ser eliminada del Mundial de Catar 2022 en fase de grupos. Desde Argentina 1978, México no había visto truncadas sus esperanzas de ser Campeón del Mundo tan prematuramente. En los campeonatos mundiales de la FIFA de 1994, 1998, 2002, 2006, 2010, 2014 y 2018 el TRI avanzó a octavos de final, con mayores o menores expectativas de trascender, siempre quedándose en la orilla. Existen diferencias en las formas, en cada competencia se consiguió una cantidad de puntos distinta, el futbol desarrollado fue mejor o peor, el lugar en el ranking resultó más alto o más bajo; pero el fondo es el mismo. Las estadísticas son contundentes, siete participaciones consecutivas llegando al mismo lugar contra Bulgaria, Alemania, Argentina en dos ocasiones, Holanda y Brasil nos situaron en una realidad un tanto frustrante que, lejos de mejorar, empeoró. Pasamos de la consistencia al estancamiento y ahora al retroceso. ¿Fracaso? Esa palabra tan eludida por el medio futbolístico puede sustituirse por el no menos temible concepto de retroceso. Fracasar es intentar sin éxito. Retroceder es perder facultades, ceder terreno, equivocarse siempre, priorizar el negocio en detrimento de lo deportivo, dejar de acudir a torneos internacionales como los Juegos Olímpicos, los mundiales con límite de edad, erradicar el descenso vulnerando el más elemental deportivismo, aumentar de manera desaforada el número de extranjeros en la Liga MX, y un largo etcétera. 

    El futbol mexicano entró en una notoria crisis, fruto podrido del estancamiento estadístico, de las malas decisiones, de la rendición ante las bonanzas económicas de los socios comerciales. ¿Dónde quedó el deporte? En el abandono. No es de extrañar que el aspecto competitivo sea el menos procurado en un país en el que el aspecto humano es despreciado y llevado al menoscabado porque no genera riqueza en la opinión de quién sabe quiénes -pero esa es harina de otro costal. En el futbol el desacierto se nota más que en otras disciplinas por la visibilidad y el nivel de importancia que ha adquirido, pero las políticas, las estrategias en materia deportiva son desastrosas. El objetivo se ha perdido a tal punto que los federativos terminan disparándose en el pie. No se puede soslayar que en México el deporte predilecto es el futbol por una sencilla razón: recibe los recursos económicos a los que ninguna otra disciplina deportiva tiene acceso. 



    

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