Escribir en México
"Rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo" (Miguel de Cervantes, El Quijote).
Estudiar letras, arte, dedicarse a la cultura en un país como el nuestro es, por lo menos, un despropósito. La pobreza -nulidad inclusive- de hogaño comparada con la tradición, ya muy lejana, de escritores, pintores, escultores, músicos, cineastas... De antaño... ¡Qué cringe! Es deprimente recordar un pasado que sí fue mejor -y aún mejor, no hablar de eso.
Si le preguntáramos a un promotor cultural la razón de la decadencia artística mexicana, su respuesta sería -literalmente- un emoji triste. Sabemos que, en la era de las redes sociales, los funcionarios públicos están más preocupados por sus followers que por sus votantes, y aún menos les significan los ciudadanos. Lo irónico es que siempre están trabajando -en un gerundio perpetuo- y lo que nos falta ahora nos sobrará en un futuro que algún día habremos de alcanzar.
La actividad cultural en México se ha reducido a clases de baile en las "alcaldías", conciertos propagandísticos en el Zócalo, representaciones teatrales traducidas al incluyente, todo adaptable a Facebook, Instagram y TikTok. ¿Está mal? No. ¿Es insuficiente? Preguntémosle a nuestros abuelos, padres, tíos, todos aquellos que leyeron a Paz, Fuentes, Sabines, Gorostiza, Pellicer, Villaurrutia, Reyes, Rulfo, Nervo, que acudieron a las obras de teatro de Rodolfo Usigli; que vieron los cuadros de Orozco, Siqueiros, Cuevas, Rivera, de Frida Kahlo y de Leonora Carrington.
Todavía nos atrevemos a denostar a Peso Pluma, al menos se dedica a la música (y, personalmente, he escuchado cosas peores, Maná, por ejemplo); lo criticable es el anquilosamiento y la falta de propuestas como resultado de la desincentivación.
"El gobierno debería"... ¡No, ya a la mierda con el gobierno!, no sirve para nada que valga la pena. Nosotros, los ciudadanos, los habitantes de este país deberíamos promover la cultura y el arte como respirar, como las libertades y la inclusión, la equidad y la justicia, la seguridad, el deporte, y todas las asignaturas pendientes ya sea por dejarnos despojar o porque nunca lo hemos tenido.
Así se siente escribir en México: embestir con molinos de viento.
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