La importancia de lo intrascendente...
No es, hogaño, ningún descubrimiento que la vida es el deporte en donde la meta es el dinero. Lo que cuenta y suena es más importante que la felicidad y las aspiraciones, que la vocación. Acumular es vivir. Producir es tener éxito. Todo lo demás no sirve. Es arte.
Las reglas de la existencia están trazadas por el culto a la industria. Antaño se trabajaba para subsistir, ahora se trabaja para generar riqueza; aun cuando no se subsiste. Crear o producir es intrínseco al ser humano, todos hacemos "algo", pero cuando ese "algo" que hacen los demás es más útil que el "algo" que hacemos otros, comienza una especie de segregación fascista.
Si lo que yo hago no está sujeto a las necesidades del marketing, no existe en la "aldea global". Lo que hizo van Gogh era menos importante que lo que hizo Kotler. El pintor neerlandés nunca hubiera trabajado para Coca Cola o McDonald's, porque en el instante mismo de escuchar las palabras "tienes que" se hubiera cortado la otra oreja.
El ser humano es inútil por naturaleza. La histeria productiva es más artificial que la inutilidad. En lo que toca a lo artificial, la AI nunca desplazará a un artista. Pedro Páramo sólo pudo ser escrito por Juan Rulfo y no por ningún software sobrealimentado con datos y códigos, por más inspirado que nos parezca. Dicha novela sólo pudo surgir en una época, circunstancia y de la pluma de una subjetividad determinada. Así como nadie que no fuera Cervantes -o Pierre Menard- pudo escribir El Quijote.
El arte no sirve para nada. Es inútil. Es marginal. Es invaluable. Es atemporal. Cuando encuentra su utilidad y su costo-beneficio deja de ser arte. A García Márquez nadie le encargó Cien años de soledad para 1967 como fecha límite. La Quinta sinfonía de Beethoven se utilizó como jingle y ni aún así perdió su trascendencia.
Como apuntó Borges, "no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil", argumento de sobra para no asistir al gym de las ideas, para tomar cursos de Excel en lugar de cursos de escultura, para leer El vendedor más grande del mundo en vez de El Quijote.
El mundanal ruido de las máquinas nos ha demostrado que la vida consagrada a la acumulación de capital es la más plena, sana, equilibrada y satisfactoria; no obstante, me gustaría señalar que las actividades humanas que no fueron impuestas ni industrializadas han sido las más enriquecedoras, redituables y admiradas.
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