La guerra y la pandemia
La guerra en pleno 2022 es uno de los retrocesos más grandes de la humanidad. También lo es la pandemia, pero al menos ésta es accidental. En ambos casos sabemos cómo comenzaron, pero no cómo terminarán, o cuándo. Tienen muchas cosas en común, matan gente, provocan crisis económicas, generan desesperanza, miedo, ansiedad. Aunque la diferencia fundamental, para quienes no habíamos vivido ninguna de las dos, es lo que convierte a una más deplorable que la otra: la premeditación.
Es cierto, existen razones históricas que llevan a un pueblo a invadir a otro. Durante el Medievo, periodo de aproximadamente mil años, la guerra fue la actividad predominante; se constituyó como el motor económico y mercantil en todo el mundo; permitió el transporte, los viajes, el intercambio de mercancía, la producción de insumos, en fin, hizo posible toda actividad comercial, otorgando más poder a unas civilizaciones -reinos o imperios- por encima de otras. En ese sentido, es lícito decir que la guerra se hacía necesaria. Atenea, o Minerva, era una diosa a la que no había sino rendir tributo. En muchos lugares simplemente habrían muerto de hambre de no ser así, porque no existía otro motivo para ir hasta ellos como no fuera la venta o fabricación de armamento y los beneficios que dichos desplazamientos acarreaban. El negocio de las armas también es milenario, no es un pretexto de nuestros tiempos -¿qué ya no hacemos nada original?-. No obstante, a diferencia de lo que dicen nuestros padres, no todo tiempo pasado fue mejor, las Cruzadas fueron cruentas masacres que acarrearon crisis económicas, la desaparición de muchas civilizaciones, el origen de otras, múltiples cambios en el orden mundial, y sí, predeciblemente, pandemias -epidemias en el mejor de los casos-, pues los cadáveres se acumulaban en las calles dando lugar a todo tipo de enfermedades que asolaron al planeta.
Eso era entonces. Ahora, múltiples guerras locales y mundiales han ocurrido en la historia moderna. Familiares nuestros han sufrido los horrores de los bombardeos, del genocidio. Millones huyeron de múltiples atrocidades. Casi todos los que en el mundo han sido, de una u otra manera, se involucraron en la narrativa de las guerras. Hemos visto películas, leído libros, asistido a exposiciones, entonado himnos… Toda nuestra vida nos enseñaron el dolor y nos advirtieron que no debería volver a ocurrir. “Del dolor se aprende”, dicen.
¿Qué se aprende? Si la historia es un ciclo, es como la moda, envejece, guardamos nuestra ropa un rato, pero luego la desempolvamos para volverla a usar, sin importar lo bochornosa que sea, como los trajes de pana. Peor aún, si ya no podemos usar nuestras viejas y vergonzosas prendas se las heredamos a alguien más, igual que las malas costumbres como el machismo, igual que los ideales rancios.
Rodrigo Falconi Vizcarra
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